Bienvenidos

Bienvenidos! Este blog es dedicado a la reflexión y a la poesía. Poco es lo que se ha escrito, tanto lo que se desea escribir; poco es lo que se ha reflexionado, tanto queda por reflexionar y cuando el trabajo haya terminado, seguir reflexionando y seguir trabajando.

domingo, 27 de febrero de 2011

Me permito creer

Me permito creer,
sé que parece un lujo
eso de creer,
en un sueño,
en un Dios,
o no creer en ninguno,
pero yo me permito creer,
me permito creer en un cambio
si creo en mí mismo,
creer,
en la paz, en la construcción,
en el ideal y en lo real,
me permito creer en la gente,
confiar,
hacer amigos,
hacer el amor,
me permito creer y para creer
quiero creer
en ti,
en mi,
me permito creer y para eso
me sentaré
a escuchar,
observar
con todos mis sentidos,
creer en la posibilidad de un cambio,
que los molinos de la libertad giren
con la fuerza de los vientos del cambio,
que los criminales dejen de vestirse
como ovejas
y que las ovejas se defiendan
aunque el pastor
parezca ausente,
me permito creer en el presente,
en tus ojos,
en las marcas del tiempo a su alrededor,
me permito creer
en la paz,
en tu cuerpo y en tu alma.

martes, 22 de febrero de 2011

Soliloquio

Estaba yo soñando entre todas estas personas, un poco ausente, apartado de lo que sucedía a mi alrededor, veía como todos estábamos en este sitio sin mucha conciencia del otro, unos cerca de otros, tan próximos y tan lejanos.

Continuaba un poco apartado, el día estaba haciéndose cada vez más corto, iba yo en dirección a casa, en este vagón donde estamos todos, tan ajenos, considerándonos un poco espectros, pero al fin y al cabo, tan unidos.

Me pregunto si para ese momento era como ahora tan consciente de la relación  que había entre todos esos extraños, lo que yo hiciera, inevitablemente afectaría al otro y eso a otro y al final, sería una red interminable de consecuencias, porque estamos relacionados, a pesar de la distancia que nos imponíamos todos.

Para de nuevo el metro, es ahora un momento donde me despido de aquellos extraños tan relacionados conmigo y entran otros extraños quienes de alguna manera guardan una relación conmigo, con mi existencia  única e irrepetible, pero que a pesar de ello, se haya unida inequívocamente a la existencia de otros seres.

Algunos ojos están llenos de luz, otros ojos se encuentran llenos de tristeza, algunas miradas se encuentran perdidas en el vacío, sin embargo, los rostros de los más jóvenes parecen la promesa de que algo cambiará, algo será mejor, podemos seguir eternizándonos en estos chicos a los cuales estamos formando. Cuando los miro pienso cuánto tenemos que cambiar, cuántos valores promover para que ellos tengan la capacidad al menos de crear formas nuevas y más respetuosas.

El metro va andando un poco como mis pensamientos. Se interna en cavernas oscuras como mi propia conciencia, como mi propia inconsciencia. Estoy yo aquí escuchando música, escuchando a Mompou, el mundo fuera de estos audífonos parece un poco más vulnerable, un poco más caótica y un poco más tormentosa, sin embargo, todos tenemos formas de escondernos y evitar las miradas de otros, aunque no evitamos las miradas de los niños, ellos nos reflejan el niño que no nos juzga.

Este tren es como mis pensamientos, va y viene, va y viene, carga con mucho, con miles de historias, anécdotas, pasado, presente y futuro, carga sonrisas, tristezas, músicas y silencios, civilizados e incivilizados.

Creo que la mujer de la derecha está un poco descolocada. La niña que viene a su lado parece enferma. Yo la observo y la mujer me observa. Es la esperanza. Es la necesidad de hablarnos, quizá para no sentirnos tan diferentes y quizá para afirmarnos a nosotros mismos que todos somos como uno solo, que este mundo es un solo mundo y que todos somos responsables de alguna manera, por todos.

Autor: Daniel Rojas Salzano

sábado, 19 de febrero de 2011

Sale el Sol

Sale el sol,
Yo siempre sé que sale el sol,
despliega su luz eternamente,
aún en la oscuridad Yo sé que sale el sol,
en mi consciencia y en mi inconsciencia sale el sol,
llenando cada pequeño espacio,
con el canto de las aves
y con el brillo de las estrellas,
con la danza de los ríos,
con el primer bostezo de las montañas.

Sale el sol,
cuando se funde en el océano y llega la noche
brilla con su esplendor en otra parte,
cuando besa la tierra escondiéndose tras las montañas
le regala a la luna su hermosa luz
para que ella brille como círculo,
tanto si es un medio creciente o menguante,
solo una grieta luminosa en la noche cerrada,
ahí está el sol,
me hace saber de su presencia eterna.

Autor: Daniel Rojas Salzano

martes, 15 de febrero de 2011

Puede ser que...

Puede ser que a pesar de todo
logremos cambiar la dirección del viento a voluntad,
cantemos libertad antes del atardecer,
puede ser que a pesar de todo
los ruidos de bala sean solo ruido,
sin sangre,
sin voces llenas de silencio,
sin ojos vendados,
puede ser...

A pesar de todo, quizá,
encuentre en todo este entramado
algo puro que me conduzca hacia una luz,
antes del atardecer,
antes de la noche,
incluso en la noche,
resistir hasta el amanecer,
lograr contar con el firmamento,
podría ser...

Lograr cambiar la dirección del viento a voluntad,
hacer que el viento sople a favor,
que el humo de estas hogueras y de este odio
consumiendo tantas almas,
no llegue a dejar ningún mensaje,
conquistar el viento,
contra sí mismo y tener nuestra propia marea,
cambiar antes de la noche, después de ella,
es posible...

Cantemos libertad antes del atardecer,
que la luz ilumine nuestras conciencias contra la oscuridad,
nuestras voces en un solo canto
logren derribar los sordos muros de la muerte,
un coro al unísono,
sin divisiones,
cada voz desplegada al viento
con la fuerza de mil aves de luz,
con seguridad...

Puede ser que los ruidos de bala sean solo ruido,
nuestras voces los silencien,
nuestros cuerpos resistan,
nuestras almas se congreguen
alrededor de las mismas causas,
frente al mismo fuego que ilumina,
de espalda al fuego que quema y destruye,
de cara al presente y el brillo del futuro
iluminando nuestros ojos...

Sin sangre,
con agua y sal,
curando las heridas que nos han dejado,
las divisiones que nos hacen ver el mismo corazón
latiendo desaforadamente,
con desesperación por tanta barbarie,
curando todo con agua de mar,
con almas renovadas,
sin vicios, sin maldad...

Sin voces llenas de silencio,
llenas de miedo,
anegadas de terror y mutismo,
lograr llegar antes de la noche,
después de ella,
aunque nos desafíe la noche,
vencerla,
esperando el alba frente al fuego que calienta,
de cara a la luz...

Sin ojos vendados
o espíritus despojados de su natural libertad,
con plena conciencia de una tierra libre,
en un acto consumado de libre albedrío,
rompiendo las cadenas de la ignorancia,
con manos llenas de trabajo honesto,
con lluvia cayendo del cielo
limpiando la tierra que nos vio nacer,
será...

Autor: Daniel Rojas Salzano

sábado, 12 de febrero de 2011

De este blanco cielo.

De este blanco cielo
se desprenden las armonías de tu voz,
cálido sueño de un momento
en el silencio,
acompañado y acompasado
al ritmo de tu respiración
que se escucha y retumba
hasta el rincón más apartado
de este templo,
a un ritmo de mil años
va surgiendo por cada segundo,
aceleradamente, como si la vida
se nos escapara entre las ranuras
de los muros que sostienen
un techo que nos hemos construido,
este techo verdaderamente no existe,
sólo en nuestra imaginación,
cada gota de sudor se escapa
como si fuera la vida
la que se agota sin cesar,
a pesar del insaciable
ritmo de tu respirar,
yo voy calmado a tu lado
sin hacer mella en mi carácter,
suficiente tenemos con tu apuro
y no necesitamos más prisa,
no es necesario ser iguales en la vida,
sino elementos complementándose,
equilibrios balanceándose
en el curso pendular
de dos vidas unidas
en una armonía marina
de donde mil olas forman
la masa de un solo océano,
abrigando infinitamente cientos de vidas,
diferentes,
diversas como átomos en nuestra respiración,
vastos espacios erguidos
entre los pequeños puntos de nuestras células,
así, minuto a minuto
y sin ninguna pausa,
se me va pasando la noche
observando tu cuerpo desnudo
a media luz de luna
en nuestra blanca cama,
escuchando cómo tu sueño
llena mi insomnio,
acompañado y acompasado
al ritmo de tu respiración.

Autor: Daniel Rojas Salzano

martes, 8 de febrero de 2011

Existencia


Atreverse a nadar más allá del río de las almas comunes
es convertir al espíritu en un atlante navío que surca espacios,
atreverse nada más, sin más implicaciones,
correr más allá y volar tan alto como el sol y superarlo,
correr con pies desnudos a través de junglas duras y concurridas,
a través de la soledad inmensa que colma al mundo,

Atreverse más allá de nuestra razón,
dejar a un lado lo que nos ata a esta tierra y cobrar altura,
no para escapar o huir de nuestra vida y de nosotros mismos
porque al final de una manera u otra regresamos al punto de origen
encontrando nuestras posiciones pasadas,
frentes de batalla aguerridos y sedientos de sangre,

No sabemos si nos conducirá a la muerte o a la vida,
aún estando muy seguros, a cuál lugar nos conduciremos
y si es la vida que de la mano nos lleva,
es un sitio colmado y plagado de lugares comunes,
es el desierto de nuestras propias vidas indicándonos
e invitándonos a vivir para nosotros y para todo,

Tenemos un poco de todo y todo conserva algo nuestro,
los caminos nuestras huellas y los ríos nuestra imagen serena,
otros ojos nos registran para siempre en una memoria indeleble
o nos perdemos en caminos ignotos y sin embargo permanecemos,
no son sólo nuestros sentidos lo que nos dan cuenta de la existencia,
la existencia nos rodea, nos abarca, en nosotros se funde.


Autor: Daniel Rojas Salzano

sábado, 5 de febrero de 2011

El fin y el principio (Cuento Corto).

           Corrían los días en una tierra convulsionada, muy como la de hoy, sin embargo en algunos aspectos mejorada y en otros peor. Eran momentos de muchos cambios, eran momentos donde la raza humana prácticamente por lo único que vivía era por la supervivencia. Darwin en el tiempo  se hacía cada vez más vigente. 
Muy a pesar de la situación existía un ser en medio todo,  el cual se encontraba más allá del bien y del mal. Éste era muy callado, de hecho no conversaba con nadie, y aunque estaba en medio de todo y de todos, nadie notaba su presencia. Él estaba cerca de todos y a todos escuchaba, era una especie de fisgón por casualidad. Sabía de todo. Conocía una gran parte de la historia de dicha ciudad. No juzgaba y a nadie le negaba sus beneficios. No le importaba  quien estaba próximo a él, si era bello o feo, bueno o malo, en fin, nada de ello le preocupaba. A nadie etiquetaba. Lo único que hacía era vivir y ser feliz con la vida que llevaba porque entre todos era uno de los pocos que aún se encontraba  en contacto íntimo con su propia esencia y le gustaba ser lo que era y le gustaba hacer aquello que hacía. Un ser muy especial sin duda.
Muchas veces este ser había estado en peligro. Como todos, se enfermaba; como todos, era víctima de la contaminación creciente; como todos, tenía que enfrentarse a los embates del clima, pero claro, él toda su vida había vivido en la calle. Aunque carecía de muchas comodidades de las cuales gozamos muchos (pero de las cuales muchos otros carecen), seguía siendo feliz y muchas veces se preguntaba cómo era posible que hubiese tanta gente sintiéndose infeliz cuando él era feliz y no tenía ni la mitad de la libertad de la cual disfrutaba tanta gente. Claro, él también comprendía que la libertad no se hallaba fuera de la gente sino que la libertad se encontraba dentro de cada uno y que muchos de aquellos que él veía diariamente, eran esclavos de ellos mismos y por aferrarse a ciertos pensamientos y sentimientos  perdían su capacidad de ser libres, ellos mismos se encerraban en sus cabezas y nadie podía sacarles de allí, más que ellos mismos. Sin darse cuenta la vida les pasaba por delante y ellos como muertos. 

En algún momento y él no sabe cómo, todo lo que había conocido hasta ayer comenzó a cambiar abruptamente. Se dieron cambios en las rutinas de todos, en su rutina inclusive, la de ser eternamente un observador. Cierto es que se angustió un poco, pero es que a todos cuando le comienzan a cambiar la rutina en contra de la propia voluntad y sin saber ni por qué ni cómo, se angustia. Unos más y otros menos, pero hay angustia. Una mañana despertó y a diferencia de otras mañanas no escuchó a los pájaros cantar. Cierto es que la noche había sido muy ruidosa. Se habían escuchado muchas sirenas a lo lejos durante la madrugada y la gente con la cual solía encontrarse cada mañana en dirección a sus trabajos, hoy no pasaba. Hoy nadie caminaba. Ni los amargados, ni los tensos, ni los felices, los relajados, los exaltados, los idiotas policías o los amables policías, los dueños de las cafeterías, y miles de personas más; nadie, absolutamente nadie hoy había pasado. Había silencio en las inmediaciones de las calles donde toda su vida la había pasado. Sin embargo, las sirenas, gritos lejanos y uno que otro estruendo no habían cesado. Pero todo esto era algo lejano. Era algo que él sabía que existía, pero que nunca había vivido.
Pasaron varios días así y lo había confirmado, no sabía si para bien o para mal, pero el mundo que él conocía había cambiado. Lo sentía dentro de él, como cuando uno tiene una corazonada. Sin embargo, las sirenas se escuchaban más cerca e inclusive algunos carros que las llevaban encendidas habían pasado por la calle por donde él vivía y él no sabía por qué. Algunas veces habían pasado carros con bocinas recomendando a la gente  que  se mantuvieran dentro de sus casas, que no salieran a la calle pues corrían mucho peligro.  Él, que vivía en la calle se desesperó y hubiera deseado tener un hogar seguro. Pero como todo el que vive en la calle, de alguna manera se las arreglaba para que las autoridades no notaran su presencia Él sentía que su vida corría peligro. La calle y sus alrededores habían dejado de ser lugares seguros.
Siguieron los días  y la situación no mejoraba. Ni para él ni para nadie. No conseguía alimento. No conseguía agua y la sed lo estaba matando. Pero algo peor inclusive estaba sucediendo, la soledad en su vida cada vez era más grande. En esos días se enteró (y no porque le dijeran) que algo muy malo  se acercaba y amenazaba la seguridad de todos. Había una guerra muy terrible cerca de ellos y en esa guerra existía un arma que arrasaba todo a su paso. Un arma que no dejaba nada, ni para el atacante ni para el atacado. Toda su vida había definitivamente cambiado. La contaminación era terrible. El sol  cuando calentaba lo hacía como nunca y él sentía que su cuerpo se enfermaba. Cuando llovía la  lluvia era amarga y para nada la sed le calmaba.
Siguieron pasando los días y todos los cambios se daban bruscamente. Comenzó a ver más gente pero estos no estaban en las mismas condiciones de las de antes. Ahora estaban más agresivos. Nadie se quedaba en su casa. Nadie acataba las órdenes de las autoridades. Él, se había convertido en un testigo silente de crímenes diurnos y nocturnos. Estaba siendo partícipe, aunque pasivo, de torturas y abusos contra todos y contra todo. Sabía que pronto sería tomado en cuenta aunque quizá no de la forma que él hubiese querido. De hecho así fue. 
Una noche se quebró el silencio con un estruendo tan poderoso que helaba la sangre. Su sangre se heló. Empezó a sentir que la vida comenzaba a acabarse. El cielo oscuro se enrojeció. Había fuego por todos lados y  hacía calor. La gente gritaba, de miedo y de ira. Nada descansaba y hoy era un día fatal. Desde hace mucho tiempo nada ni nadie descansaba.  Él desde hace mucho difícilmente  podía descansar.  En su alarma y entre todo este alboroto sintió que algo en su mundo interior comenzaba a ser diferente. La gran amenaza antes anunciada se había materializado, había dejado de ser una amenaza. Era algo mortalmente concreto.
 Comenzó a sentir que él se moría. No lo podía creer. Gritó pero nadie lo escuchó. Lloró pero nadie vio sus lágrimas. Claro si antes nadie lo veía en la calma, ahora menos en la confusión. En su grito pidió a Dios que no le permitiera morir, sin embargo como siempre le dijo a Dios “hágase tu voluntad”.  De nuevo y como lo hacía constantemente la habló a Dios: ¡Señor, amo la vida, no me permitas morir, tú sabes que yo amo estar vivo y que a pesar de la soledad a la cual he estado ceñido desde el primer día en el que nací, siempre he disfrutado del mundo, aunque no hubiera podido caminar, aunque no me comuniqué con nadie más que contigo, aunque nunca tuve familia!  Se sentía desesperanzado e inclusive sintió algo que nunca había sentido, ira. Sí, por primera vez en su vida sentía ira. Se sentía humano como nunca antes en su vida se había sentido. Él se preguntaba y le preguntaba a Dios: ¿Señor si yo nunca he desafiado tu autoridad, si nunca he atentado contra la vida, si siempre he aceptado mi función en este mundo con todo el amor, por qué ahora tiene mi vida que terminar de esta manera tan espantosa? Lloró, le gritó a Dios, le imploró pero no obtenía respuestas. Como todos los humanos, tenía muchas de las respuestas dentro de él pero simplemente no quería verlas.
Después de esta última pregunta se hizo un gran silencio. No es que nada sucediera fuera de él. Simplemente ya él no escuchaba. Veía todo y a todos. Todo era un gran caos y confusión. De nuevo otro gran estallido y todo retumbó, hasta lo más profundo de su ser tembló ante tal estruendo.  De nuevo comenzó a sentir ira, pero también tristeza. No podía creer que todo aquello que estaba viendo pudiese ser causado por los mismos que tiempo atrás paseaban frente a él en paz y tranquilidad. Comenzó a reflexionar y concluyó que quizá el mundo había cambiado mucho antes y lo que sucedía era que él no había sido capaz de anticipar esos eventos. Se dio cuenta que como todos, estaba acostumbrado a que todo siempre fuese igual y se resistía al más mínimo cambio. Quizá si se hubiese dado cuenta de la dinámica de los eventos que día a día ocurrían en su mundo, quizá habría hecho algo para cambiar lo que ahora estaba viviendo.

Luego de reflexionar todo este rato y sentir que le quedaba menos tiempo de vida, de nuevo se dirigió hacia Dios y le dijo: ¡Padre, perdóname por cuestionar tu autoridad, perdóname por tanta ira y tanto odio y perdónalos a ellos por su odio y por no haber hecho nada para cambiar este mundo, sin embargo, que puedo hacer yo, un pobre árbol atado a esta tierra, lo único que hacía era dar sombra, frutos y cobijo a las aves. Si tan sólo hubiese sido un humano como ellos, habría hecho más por la madre tierra, pero ya no hay nada que hacer, ya todo llega a su fin, nada más puedo hacer!

Suspiró por última vez, miró todo y a todos a su alrededor y el mundo, su mundo,  se oscureció. El mundo fuera de él también desapareció. Después del séptimo  estallido todo desapareció. No quedó nada, no quedó piedra sobre piedra. Millones de años de vida desaparecieron tan rápido que sería necesario más de tres días para este mundo para resucitar. Sin embargo Dios ya había perdonado a la humanidad.

            Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios...


Autor: Daniel Rojas Salzano

martes, 1 de febrero de 2011

El Ritmo

El ritmo te invade,
puedo verlo en el temblor
casi imperceptible de tu piel,
en el leve movimiento de tus dedos,
con la dulce cadencia de tus pies,
sé que la música es como un bálsamo
que sana tus sentidos,
un segundo aire que te refresca,
el sol que te da calor cuando la fría ciudad
te ahoga, es eso,
una ola de luz acercándose subrepticiamente,
te hace elevarte,
hasta donde los problemas no importan,
donde un simple movimiento
corre como una gacela,
hasta convertirse en una fuerza telúrica
que da vida, un golpe macizo
quiebra las fuertes preocupaciones.

El ritmo te invade,
tú lo has dicho,
con una voz que explota
en un estallido,
emoción desbordada como
una corriente de agua
en frenética caída hasta la tierra,
moviendo cada partícula
de tu alma,
cantando y saltando,
cortando el aire con tu cabello y
tomando en tus manos
un mundo que no existe,
creado por las fantasías
evocadas en tus movimientos hermosos,
vestigio de siglos pasados,
de épocas antiguas
y preciosas.

Dedicado a F.Z.

Autor: Daniel Rojas Salzano