Estaba yo soñando entre todas estas personas, un poco ausente, apartado de lo que sucedía a mi alrededor, veía como todos estábamos en este sitio sin mucha conciencia del otro, unos cerca de otros, tan próximos y tan lejanos.
Continuaba un poco apartado, el día estaba haciéndose cada vez más corto, iba yo en dirección a casa, en este vagón donde estamos todos, tan ajenos, considerándonos un poco espectros, pero al fin y al cabo, tan unidos.
Me pregunto si para ese momento era como ahora tan consciente de la relación que había entre todos esos extraños, lo que yo hiciera, inevitablemente afectaría al otro y eso a otro y al final, sería una red interminable de consecuencias, porque estamos relacionados, a pesar de la distancia que nos imponíamos todos.
Para de nuevo el metro, es ahora un momento donde me despido de aquellos extraños tan relacionados conmigo y entran otros extraños quienes de alguna manera guardan una relación conmigo, con mi existencia única e irrepetible, pero que a pesar de ello, se haya unida inequívocamente a la existencia de otros seres.
Algunos ojos están llenos de luz, otros ojos se encuentran llenos de tristeza, algunas miradas se encuentran perdidas en el vacío, sin embargo, los rostros de los más jóvenes parecen la promesa de que algo cambiará, algo será mejor, podemos seguir eternizándonos en estos chicos a los cuales estamos formando. Cuando los miro pienso cuánto tenemos que cambiar, cuántos valores promover para que ellos tengan la capacidad al menos de crear formas nuevas y más respetuosas.
El metro va andando un poco como mis pensamientos. Se interna en cavernas oscuras como mi propia conciencia, como mi propia inconsciencia. Estoy yo aquí escuchando música, escuchando a Mompou, el mundo fuera de estos audífonos parece un poco más vulnerable, un poco más caótica y un poco más tormentosa, sin embargo, todos tenemos formas de escondernos y evitar las miradas de otros, aunque no evitamos las miradas de los niños, ellos nos reflejan el niño que no nos juzga.
Este tren es como mis pensamientos, va y viene, va y viene, carga con mucho, con miles de historias, anécdotas, pasado, presente y futuro, carga sonrisas, tristezas, músicas y silencios, civilizados e incivilizados.
Creo que la mujer de la derecha está un poco descolocada. La niña que viene a su lado parece enferma. Yo la observo y la mujer me observa. Es la esperanza. Es la necesidad de hablarnos, quizá para no sentirnos tan diferentes y quizá para afirmarnos a nosotros mismos que todos somos como uno solo, que este mundo es un solo mundo y que todos somos responsables de alguna manera, por todos.
Autor: Daniel Rojas Salzano
No hay comentarios:
Publicar un comentario