Agitado entre los estruendos de la trompeta del fin
se quebranta tu voz,
la súbita caída hacia el vacío,
cuentas agotadas entre dedos inmóviles,
un sonido ahogado entre mantras repetitivos,
oraciones insesantes colmando el congestionado aire,
una luz brota desde las entrañas
cortando el paso a la tranquilidad y la leve agitación,
se hace el silencio,
callada noche,
estrellada,
las sombras se duermen entre los árboles
que observan cada forma sin color,
todo parece ser igual después del auge y caída
de estas ciudades llenas de ruido
ahora embargadas de una dulce contemplación;
inicia el viaje,
son muchos los llamados pero pocos los que
atravesarán el umbral,
quien voltee terminará hecho una estatua de sal,
todo afuera sigue en paz,
mientras de un lado sale la luna
del otro comienza a despuntar el alba,
corre el viento,
cada vereda, calle, avenida
se vacía hasta la soledad,
el fuego va cesando,
la tierra se calma de nuevo,
mientras tanto,
se gesta en los fuegos del cielo y del infierno
una nueva batalla sin fin.
Autor: Daniel Rojas Salzano
Bienvenidos
Bienvenidos! Este blog es dedicado a la reflexión y a la poesía. Poco es lo que se ha escrito, tanto lo que se desea escribir; poco es lo que se ha reflexionado, tanto queda por reflexionar y cuando el trabajo haya terminado, seguir reflexionando y seguir trabajando.
jueves, 19 de mayo de 2011
domingo, 15 de mayo de 2011
Extramuros
Afuera, la
vida, alegría, tristeza,
la nostalgia,
la abundancia de la vida
y la experiencia,
la carencia,
el día a día y
lo nuevo,
lo cotidiano...
Extramuros,
la ausencia o el exilio,
el corazón anclado
y liberado,
viviendo con un poco
de lejanía,
coincidiendo con otros
corazones tan llenos
como el mío.
Autor: Daniel Rojas Salzano
vida, alegría, tristeza,
la nostalgia,
la abundancia de la vida
y la experiencia,
la carencia,
el día a día y
lo nuevo,
lo cotidiano...
Extramuros,
la ausencia o el exilio,
el corazón anclado
y liberado,
viviendo con un poco
de lejanía,
coincidiendo con otros
corazones tan llenos
como el mío.
Autor: Daniel Rojas Salzano
miércoles, 11 de mayo de 2011
Cada Ocasión
Cada ocasión lleva un vestido diferente,
una máscara adecuada con cada momento,
el tiempo,
ese manto inquebrantable de suspiros nocturnos
nos va dejando desnudos frente a las circunstancias
desvanecidos ante el horror de nuestra propia mentira
enaltecidos ante la belleza de nuestra única verdad,
combatiendo a diario,
colmando las estancias de nuestras existencias
con arenas que se desprenden de los relojes
que van llevando nuestras horas,
asediados por la señorita eterna,
la constante compañía silente,
esa que como un fuego eterno nos ilumina el camino,
y el tiempo,
ese viejo que se deja ver frente a cada momento,
tiempo que te escapas de las
manos mientras más nos aferramos,
eres un ave libre volando eternamente,
rayo de sol y frente de sombra rodeando un círculo,
cada ocasión lleva un vestido diferente,
esta vez me encuentro desnudo
frente a este cielo blanco,
esculpiendo aquí y allá
esas verdades que de mi máscara
se van descorriendo,
unas lágrimas y unas sonrisas
hemos dejado a través de tu paso,
algunos amores,
algunos odios y temores,
pero cada paso ha sido bajo tu cobijo,
tiempo viejo y tiempo nuevo,
tiempo pasado y tiempo por venir,
cómo te añoramos cuando no te tenemos y
cómo te dejamos libre y desperdiciado
en nuestra inconsciencia,
y en tu libertad
la hermosa señora va acompañándonos,
tu más hermoso regalo,
el más sigiloso,
el que siempre nos acompaña y que nunca se deja ver,
y vas pasando como el agua de un río,
como el viento entre las ramas de estos viejos árboles,
como la vida de estas montañas
que estarán y yo me habré ido,
porque ahora sobre esta cima abro mis alas,
de cara al sol,
esta ciudad se quedará y yo me habré ido,
colgaré las máscaras en el umbral,
quedarán regadas,
me llevo las necesarias,
las imprescindibles,
las que me mantienen en pie,
volando frente al sol,
sobre el mar,
hasta llegar a los brazos de la bella mujer de negro,
esta que me espera en mi última morada,
esta que sabe que aún cuando trate de escaparme
terminaré en sus hermosos besos.
una máscara adecuada con cada momento,
el tiempo,
ese manto inquebrantable de suspiros nocturnos
nos va dejando desnudos frente a las circunstancias
desvanecidos ante el horror de nuestra propia mentira
enaltecidos ante la belleza de nuestra única verdad,
combatiendo a diario,
colmando las estancias de nuestras existencias
con arenas que se desprenden de los relojes
que van llevando nuestras horas,
asediados por la señorita eterna,
la constante compañía silente,
esa que como un fuego eterno nos ilumina el camino,
y el tiempo,
ese viejo que se deja ver frente a cada momento,
tiempo que te escapas de las
manos mientras más nos aferramos,
eres un ave libre volando eternamente,
rayo de sol y frente de sombra rodeando un círculo,
cada ocasión lleva un vestido diferente,
esta vez me encuentro desnudo
frente a este cielo blanco,
esculpiendo aquí y allá
esas verdades que de mi máscara
se van descorriendo,
unas lágrimas y unas sonrisas
hemos dejado a través de tu paso,
algunos amores,
algunos odios y temores,
pero cada paso ha sido bajo tu cobijo,
tiempo viejo y tiempo nuevo,
tiempo pasado y tiempo por venir,
cómo te añoramos cuando no te tenemos y
cómo te dejamos libre y desperdiciado
en nuestra inconsciencia,
y en tu libertad
la hermosa señora va acompañándonos,
tu más hermoso regalo,
el más sigiloso,
el que siempre nos acompaña y que nunca se deja ver,
y vas pasando como el agua de un río,
como el viento entre las ramas de estos viejos árboles,
como la vida de estas montañas
que estarán y yo me habré ido,
porque ahora sobre esta cima abro mis alas,
de cara al sol,
esta ciudad se quedará y yo me habré ido,
colgaré las máscaras en el umbral,
quedarán regadas,
me llevo las necesarias,
las imprescindibles,
las que me mantienen en pie,
volando frente al sol,
sobre el mar,
hasta llegar a los brazos de la bella mujer de negro,
esta que me espera en mi última morada,
esta que sabe que aún cuando trate de escaparme
terminaré en sus hermosos besos.
domingo, 8 de mayo de 2011
Vuela sobre tu dolor
Vuela sobre tu dolor
no estás solo en la lucha,
golpearon tu rostro
pero encendieron la hoguera,
nuestro fuego y nuestra sangre
ilumina el camino
y la gesta de nuestra tierra.
Vuela sobre tu dolor,
la paz es nuestra bandera
porque queremos una nueva
Venezuela,
quedará atrás el dolor
porque en nuestras conciencias
la libertad es nuestra.
Vuela sobre tu dolor,
estos golpes no nos debilitan
apenas detienen la avalancha,
estos golpes son oxígeno
para la llama intensa
de nuestras almas
con los pies sobre la tierra.
Vuela sobre tu dolor,
atrás quedará el llanto
y de la tierra y nuestras lágrimas
nacerá una hermosa flor,
su presencia nos sosiega,
libremente nacimos
y libremente vivimos.
Nota: Dedicado a todos aquellos perseguidos y golpeados por expresar pacíficamente su protesta u opinión.
no estás solo en la lucha,
golpearon tu rostro
pero encendieron la hoguera,
nuestro fuego y nuestra sangre
ilumina el camino
y la gesta de nuestra tierra.
Vuela sobre tu dolor,
la paz es nuestra bandera
porque queremos una nueva
Venezuela,
quedará atrás el dolor
porque en nuestras conciencias
la libertad es nuestra.
Vuela sobre tu dolor,
estos golpes no nos debilitan
apenas detienen la avalancha,
estos golpes son oxígeno
para la llama intensa
de nuestras almas
con los pies sobre la tierra.
Vuela sobre tu dolor,
atrás quedará el llanto
y de la tierra y nuestras lágrimas
nacerá una hermosa flor,
su presencia nos sosiega,
libremente nacimos
y libremente vivimos.
Nota: Dedicado a todos aquellos perseguidos y golpeados por expresar pacíficamente su protesta u opinión.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Entre las verdes ramas
La noche estuvo callada
entre las verdes ramas
de la colina.
Cada uno observaba
que se aproximaba
la mañana, y
entonces nos mirábamos
con asombro
y pensamos...
Nos preguntamos...
¿Podrá esto ser cierto?
¿Habremos perdido
nuestra libertad
al amanecer?
Comenzó a estar más claro,
se escuchaban
las pisadas de los soldados,
¿Estaríamos soñando?
Nos sorprendió la mañana
y ciegos por el sol
no vimos la muerte,
Habríamos de renacer,
Tentar al abismo
oscuro de la muerte
y bombear sangre
con nuestros corazones.
II
La libertad
al final se perdió,
el terror nos asedió
y por cien años
el mal duró
y muchos cuerpos no
resistieron
la fuerza de la muerte,
pero nuestros corazones
seguían bombeando
sangre,
El azul de nuestros
mares se purificó
y el oro de nuestras
almas brilló
con el sol en el cénit,
los soldados se rindieron,
el asco de su oscuridad
se desintegró
ante la nobleza
del oro de nuestras almas,
el azul infinito del
cielo del mediodía
ondeó con la fresca brisa,
el rojo de nuestra sangre
derramada dio vida
a la nueva cosecha
porque nuestros corazones
estaban llenos de paz
tanto como de valor,
sin armas vencimos
a los militares,
nuestra voluntad fue nuestra
fuerza entera,
nunca más nuestros
cuerpos se atrincheraron
en las colinas
entre los árboles,
el rojo dejó de representar
tristeza,
los colores se hicieron libres
como las mujeres y los hombres,
nos hicimos actores,
antes éramos
espectadores.
Autor: Daniel Rojas Salzano
entre las verdes ramas
de la colina.
Cada uno observaba
que se aproximaba
la mañana, y
entonces nos mirábamos
con asombro
y pensamos...
Nos preguntamos...
¿Podrá esto ser cierto?
¿Habremos perdido
nuestra libertad
al amanecer?
Comenzó a estar más claro,
se escuchaban
las pisadas de los soldados,
¿Estaríamos soñando?
Nos sorprendió la mañana
y ciegos por el sol
no vimos la muerte,
Habríamos de renacer,
Tentar al abismo
oscuro de la muerte
y bombear sangre
con nuestros corazones.
II
La libertad
al final se perdió,
el terror nos asedió
y por cien años
el mal duró
y muchos cuerpos no
resistieron
la fuerza de la muerte,
pero nuestros corazones
seguían bombeando
sangre,
El azul de nuestros
mares se purificó
y el oro de nuestras
almas brilló
con el sol en el cénit,
los soldados se rindieron,
el asco de su oscuridad
se desintegró
ante la nobleza
del oro de nuestras almas,
el azul infinito del
cielo del mediodía
ondeó con la fresca brisa,
el rojo de nuestra sangre
derramada dio vida
a la nueva cosecha
porque nuestros corazones
estaban llenos de paz
tanto como de valor,
sin armas vencimos
a los militares,
nuestra voluntad fue nuestra
fuerza entera,
nunca más nuestros
cuerpos se atrincheraron
en las colinas
entre los árboles,
el rojo dejó de representar
tristeza,
los colores se hicieron libres
como las mujeres y los hombres,
nos hicimos actores,
antes éramos
espectadores.
Autor: Daniel Rojas Salzano
domingo, 1 de mayo de 2011
Noche Callada
Noche callada,
melodías en la distancia concuerdan con la desesperación,
espero agazapado en los rincones oscuros del espacio
donde todo permanece en silencio,
cómplice de lo que ocurre ante mis ojos,
estos espíritus danzan a su ritmo,
los veo y puedo palparlos con mis manos,
el agua cae desde el cielo,
puedo sentirla con mi lengua,
estoy desnudo ante la ignominia de su locura,
todo lo que pisan en mi jardín lo convierten en tierra seca,
yo observo,
fraternidades rotas en un silencio que ensordece los oídos,
en un miedo que grita tan fuerte
que la noche aún no se quiebra,
silencio,
cada plaza está expectante,
esta noche no atacarán a mi compañera,
mañana tampoco será mi vecino,
hoy es en mi jardín,
lo advierto escondido y desnudo desde este tronco,
caen uno a uno los lirios blancos
pisoteados por las pezuñas de su gran odio,
mi silencio no los ahuyenta,
mi voz es temblorosa,
como en una pesadilla apenas me escucho yo mismo,
mis movimientos no están coordinados con mi pensamiento,
me voy desvaneciendo,
voy perdiendo lo que soy,
ahora puedo ver a través de mis manos,
voy perdiendo mi cuerpo físico,
estoy lleno de óxido,
el miedo;
no parece despuntar el alba,
todos duermen,
ellos no,
primero deben hacer su trabajo,
quizá maten a mi amigo durante su sueño,
siempre lo hacen así,
el fuego alrededor del cual danzan ahora
quizá no incendie otros jardines,
puede también descontrolarse y hacer un Hades,
dejar que la noche se quede
y la carne quemada de los durmientes
dejará de ser bella,
tendrá un olor de desidia y bestialidad
que solo podrá redimirse por la estulticia del olvido
y la fuerza bruta del odio,
como si nada hubiera existido,
ni siquiera el amor,
yo los observo
escondido desde este rincón,
me despido,
comienzan a alcanzarme las llamas,
no estoy hecho para el dolor,
solo para el disfrute,
me descubren,
me despido,
sus pezuñas comienzan a desgarrar mis carnes,
sus tridentes aceleran la descomposición,
como una pesadilla nunca soñada
esta revelación deja mi sangre coagulada en el suelo,
una sucia mancha negra llena de tierra,
contaminada de odio y miedo,
quizás no habrán frutos,
mi silencio,
habré muerto en la soledad.
melodías en la distancia concuerdan con la desesperación,
espero agazapado en los rincones oscuros del espacio
donde todo permanece en silencio,
cómplice de lo que ocurre ante mis ojos,
estos espíritus danzan a su ritmo,
los veo y puedo palparlos con mis manos,
el agua cae desde el cielo,
puedo sentirla con mi lengua,
estoy desnudo ante la ignominia de su locura,
todo lo que pisan en mi jardín lo convierten en tierra seca,
yo observo,
fraternidades rotas en un silencio que ensordece los oídos,
en un miedo que grita tan fuerte
que la noche aún no se quiebra,
silencio,
cada plaza está expectante,
esta noche no atacarán a mi compañera,
mañana tampoco será mi vecino,
hoy es en mi jardín,
lo advierto escondido y desnudo desde este tronco,
caen uno a uno los lirios blancos
pisoteados por las pezuñas de su gran odio,
mi silencio no los ahuyenta,
mi voz es temblorosa,
como en una pesadilla apenas me escucho yo mismo,
mis movimientos no están coordinados con mi pensamiento,
me voy desvaneciendo,
voy perdiendo lo que soy,
ahora puedo ver a través de mis manos,
voy perdiendo mi cuerpo físico,
estoy lleno de óxido,
el miedo;
no parece despuntar el alba,
todos duermen,
ellos no,
primero deben hacer su trabajo,
quizá maten a mi amigo durante su sueño,
siempre lo hacen así,
el fuego alrededor del cual danzan ahora
quizá no incendie otros jardines,
puede también descontrolarse y hacer un Hades,
dejar que la noche se quede
y la carne quemada de los durmientes
dejará de ser bella,
tendrá un olor de desidia y bestialidad
que solo podrá redimirse por la estulticia del olvido
y la fuerza bruta del odio,
como si nada hubiera existido,
ni siquiera el amor,
yo los observo
escondido desde este rincón,
me despido,
comienzan a alcanzarme las llamas,
no estoy hecho para el dolor,
solo para el disfrute,
me descubren,
me despido,
sus pezuñas comienzan a desgarrar mis carnes,
sus tridentes aceleran la descomposición,
como una pesadilla nunca soñada
esta revelación deja mi sangre coagulada en el suelo,
una sucia mancha negra llena de tierra,
contaminada de odio y miedo,
quizás no habrán frutos,
mi silencio,
habré muerto en la soledad.
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