En el silencio
de tu luz
con el mundo
y su bulliciosa
metrópolis cosmopolita
alrededor,
se mantiene inmaculada
la gloria
de tus entrañas
que habrán visto
por siglos
los rostros largos
de hombres y mujeres que pasan
con su frágil
y susceptible
humanidad, algunas veces
corrompida y glorificada
en tus piedras,
a través del silencio mineral
te resistes a perecer
frente al paso del tiempo
y mientras el mundo
afuera sigue convulsionado
tus entrañas
y las rocas de tu vientre
conservan la paz
y la calma
de antaño.
Escrito en el Patio de la Iglesia de Santa Ana Siglo XV, en Barcelona, Cataluña.
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