Me encuentro sentado en la sala de la casa luego de haber almorzado. Ellas se están preparando para salir un rato a disfrutar de la ciudad. Yo me encuentro envuelto en una calma que llamaría, única. Me encuentro disfrutando de la pereza, de la tranquilidad, estos rarísimos momentos de inactividad muy poco comunes en nuestros tiempos.
Estoy escuchando a través de la computadora a un artista, su guitarra, su voz y sus letras. Escucho los carros paseando por Sicilia y fantaseo un poco con lo que pueda estar aconteciendo en Nápoles y en Sardeña. Escucho alguna voz infantil, oigo autobuses al fondo. Veo las hojas de los árboles, ahora verdes en el verano. Sigue la calma. La calma única de haber tenido algunas buenas noticias, la calma única de haber escuchado algún reclamo personal y otras noticias, importantes.
Esta calma se tiñe de alguna sensación de melancolía y alegría. Los miércoles suelen ser buenos días. Pasa el miércoles y su tarde, llega el jueves anunciando que el fin de semana se encuentra cerca y luego se asoma el viernes a través de los cristales de la espera. Sin embargo, de qué me sirve prever tanto el futuro si apenas y a penas, soy capaz de disfrutar lo que me está dando el presente.
La vida parece esto. Un constante flujo, donde muy breves momentos son el presente y el resto es futuro, pasado, más o menos inmediato, pero el presente está aquí a cada segundo, llega y quizá ni cuenta me doy de su presencia. Será por eso la sensación que tengo de esta calma única, un poco melancólica. Aceptar que el presente es sólo esto, un breve momento, que no sale a cuenta andar preocupado y cuando por alguna razón la vida me presenta estos momentos de calma, prefiero dejarme llevar, ya vendrán momentos de emprender acciones focalizadas.
Llegué aquí buscando compañía y encontré de alguna manera un regalo para mí, la soledad asomada detrás de la puerta. Viene a acompañarme. Nunca estoy solo. Siempre tengo algo/alguien rondado por mi cabeza, siempre rondando alrededor y dentro de mi corazón. Es constante y seguro. Este es el regalo que encontré aquí. Calma y melancolía. También estas letras. Estas palabras. Estas impresiones que por muchas veces me acompañan.
Comienzo en un nuevo momento. Comienzo en un nuevo lugar. Comienzo todo y todo continúa. Qué pasa con aquellas vidas que he dejado en otro lugar, cómo serán después? Serán? Ahora y después, cuando se manifieste el re-encuentro. Después, cuando seamos un poco más viejos. Me he traído alguna imagen íntima, pero la vida continúa y se abre paso hacia cualquier camino y de todas las maneras posibles. Cuando les encuentre, probablemente no seguirán siendo los mismas, ni siquiera mi propia vida. Sólo con que mi vida sea distinta, alrededor ya todo cambia.
Sigo aquí en la sala, sentado en el piso. Observo al mundo a través de esta ventana. Este sitio está lleno de alegría. Estando aquí es como estar en un lugar protegido de la odiosa realidad. Cuando estoy aquí, estoy seguro que el bien existe en algún lugar, me doy cuenta que le quedan pocos reductos pero que al final, también se protege como yo del dolor y de la maldad. Hablo del Bien, que en estos días es una moneda devaluada. Quizá es esta alegría la que me anima a escribir. Ahora no pretendo cambiar a nadie. Sólo pretendo cambiarme a mí mismo y aún así, no sé si lo conseguiré. La vida continúa. Se abre paso más allá de todo. Ese es su poder. La muerte? una herramienta necesaria de la vida.
Dedicado a F.Z. y a C.R.
Estoy escuchando a través de la computadora a un artista, su guitarra, su voz y sus letras. Escucho los carros paseando por Sicilia y fantaseo un poco con lo que pueda estar aconteciendo en Nápoles y en Sardeña. Escucho alguna voz infantil, oigo autobuses al fondo. Veo las hojas de los árboles, ahora verdes en el verano. Sigue la calma. La calma única de haber tenido algunas buenas noticias, la calma única de haber escuchado algún reclamo personal y otras noticias, importantes.
Esta calma se tiñe de alguna sensación de melancolía y alegría. Los miércoles suelen ser buenos días. Pasa el miércoles y su tarde, llega el jueves anunciando que el fin de semana se encuentra cerca y luego se asoma el viernes a través de los cristales de la espera. Sin embargo, de qué me sirve prever tanto el futuro si apenas y a penas, soy capaz de disfrutar lo que me está dando el presente.
La vida parece esto. Un constante flujo, donde muy breves momentos son el presente y el resto es futuro, pasado, más o menos inmediato, pero el presente está aquí a cada segundo, llega y quizá ni cuenta me doy de su presencia. Será por eso la sensación que tengo de esta calma única, un poco melancólica. Aceptar que el presente es sólo esto, un breve momento, que no sale a cuenta andar preocupado y cuando por alguna razón la vida me presenta estos momentos de calma, prefiero dejarme llevar, ya vendrán momentos de emprender acciones focalizadas.
Llegué aquí buscando compañía y encontré de alguna manera un regalo para mí, la soledad asomada detrás de la puerta. Viene a acompañarme. Nunca estoy solo. Siempre tengo algo/alguien rondado por mi cabeza, siempre rondando alrededor y dentro de mi corazón. Es constante y seguro. Este es el regalo que encontré aquí. Calma y melancolía. También estas letras. Estas palabras. Estas impresiones que por muchas veces me acompañan.
Comienzo en un nuevo momento. Comienzo en un nuevo lugar. Comienzo todo y todo continúa. Qué pasa con aquellas vidas que he dejado en otro lugar, cómo serán después? Serán? Ahora y después, cuando se manifieste el re-encuentro. Después, cuando seamos un poco más viejos. Me he traído alguna imagen íntima, pero la vida continúa y se abre paso hacia cualquier camino y de todas las maneras posibles. Cuando les encuentre, probablemente no seguirán siendo los mismas, ni siquiera mi propia vida. Sólo con que mi vida sea distinta, alrededor ya todo cambia.
Sigo aquí en la sala, sentado en el piso. Observo al mundo a través de esta ventana. Este sitio está lleno de alegría. Estando aquí es como estar en un lugar protegido de la odiosa realidad. Cuando estoy aquí, estoy seguro que el bien existe en algún lugar, me doy cuenta que le quedan pocos reductos pero que al final, también se protege como yo del dolor y de la maldad. Hablo del Bien, que en estos días es una moneda devaluada. Quizá es esta alegría la que me anima a escribir. Ahora no pretendo cambiar a nadie. Sólo pretendo cambiarme a mí mismo y aún así, no sé si lo conseguiré. La vida continúa. Se abre paso más allá de todo. Ese es su poder. La muerte? una herramienta necesaria de la vida.
Dedicado a F.Z. y a C.R.
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