I
Silencio,
las brumas del presente acompañan
en este frío las melodías en mis oídos,
lo que era un sonido casi imperceptible
ahora es una voz clara,
pide algo,
no puedo conocer lo que quiere,
a través de ella,
de lo imperceptible,
se expresa reveladoramente
una parte de mi alma,
apresurada moneda que cae diagonalmente,
no es sello, no es cara,
cae sobre el canto,
una faz para cada lado,
cada quien fuera de mi ve lo que quiera,
no soy dobleces ni ambigüedades,
siempre he sido lo que soy,
soy la suma de las partes,
ahora canto con el acento de mi voz,
proclamo este himno de liberación,
de sueños sin sentido,
grito a todo pulmón,
nadie puede detenerme,
contagio toda esta habitación
llena de luz,
decae la intensidad,
fugaz como la vida,
rápida como un parpadeo,
aprovecha el día,
se termina.
II
Silencio eterno amigo que ahora en mis oídos estás,
cubre con tu manto sagrado este umbral,
permite que las ideas fluyan desde la penumbra
como aves coloridas de luz natural,
amigo silencio que aprecio tu viva presencia
escoge entre tus manos lo que de mi te llevarás,
comparte conmigo tu sabiduría ancestral,
es tu presencia amigo silencio una bendición
de años y siglos en donde tú has sabido,
como nadie,
catalizar mi corazón y las ansiedades mías.
Amigo silencio, gracias por estar.
Autor: Daniel Rojas Salzano
No hay comentarios:
Publicar un comentario