Ella hablaba,
él también,
separados por la distancia
y sin posibilidad
de encontrarse,
ella lo escuchaba,
él también,
se encontraban
y se perdían
entre la bruma
de cada palabra
que se llevaba
el viento,
hablaban sus manos,
eran capaces de sentir
la punta de sus dedos,
sus huellas dactilares
(las de ellas),
eran indelebles en su memoria
(la de él)
estaban separados,
descordinados,
quizá era miedo,
pero seguían hablando,
dando pequeños pasos,
quizá nunca se encuentren,
deambulando por el mundo
y rozándose
como si fuera un furtivo encuentro,
no se si es amor,
quizá deseo,
un poco de las dos,
pero se irían moviendo
a través de los paralelos
y los meridianos,
sin encuentros,
quizá estaba predestinado,
pero seguirán siendo
capaces,
dejar hablar sus manos,
sus huellas dactilares
(las de ellas)
serán huellas indelebles
en su memoria
(la de él).
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