La oscuridad de nuevos vientos
cierne sobre la ciudad
mantos negros y rojos;
El sol, creíamos que habría sol,
no era más que la luz de
nuestras derruidas ilusiones
y el brillo mezquino de un astro
en el final de sus días;
La canción que celebra el amanecer ha enmudecido,
suenan notas de dianas,
compases de redoblantes,
la suciedad habrá aumentado
y cuando nuestros errores hayan sido demasiados
aún nos quedará una condena por pagar,
el precio de la conformidad,
el costo de unas ansias de poder desmedido;
Mi ciudad se ha vuelto hostil,
ahora, en el principio de una larga noche,
en el umbral de un oscuro y cruento atardecer,
me siento en esta montaña,
me quedaré viendo como arde en llamaradas rojas
de odio, envidia y rencor
esta ciudad que alguna vez estuvo bendecida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario