Convoca en mí cada una de tus maniobras,
coloca dentro de mi piel una partícula de la tuya,
concentra tus pensamientos como un preciado tesoro,
pueden hacernos falta más tarde,
cuando el cansancio nos arrope con su oscuro manto
de noche con lluvia,
elige la entrada que desees,
eres libre de correr hacia el todo
o de estrellarte contra la nada,
tus manos te conducen a través de estos senderos,
tus ojos, lo que ves con ellos,
son solo ficciones,
ilusiones descorridas a través del pasado,
reflejos espectrales de una mañana antigua,
conversaciones internas frente a un silencio vivificante,
es la noche de hoy,
considera que la luz ha existido antes que tú,
son ilusiones o alucinaciones,
depende de ti,
quizá son delirios,
creer que este mundo fue hecho a tu imagen y semejanza,
imagen del fuego que te consume,
huella de tus pies descalzos sobre la arena tibia,
sombra de tus sombras esquivas,
sigue convocando en mi cada una de tus maniobras,
impregna la tela de mi rostro
con los ases feroces de tus aromas,
sigue dominándome y aún así,
me encontraras frente a ti,
impávido,
alejado de tu desesperanza,
sereno como el agua oscura de este lago,
como una imagen escapándose entre tus dedos
y sonriente,
desvaneciéndome entre la bruma otoñal
de tus años,
como un lejano recuerdo
que aún en la memoria,
muere como la vida.
Autor: Daniel Rojas Salzano
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