Escribir, escribir, escribir,
tocar cada tecla con el corazón,
cada tiempo tiene su expresión,
este, mi tiempo,
tienes manos plásticas,
cielos luminosos y blancos,
marcos oscuros como una cueva,
golpes altisonantes,
emocionados,
controlados,
locos y apurados,
algunos acompasados al ritmo vibrante
del corazón,
otros agazapados en el alma,
esperando,
quizá un brote de serenidad,
esperando,
una ola de circunspección,
escribir, escribir y escribir,
como una carrera,
sin tiempo ni edad,
sin distancias,
sin límites,
con censura, sin ella,
es el golpe de un ejército convertido en emoción,
sentimientos evocados a través del tiempo,
grabaciones alteradas de la realidad,
tamizadas por la conciencia
del propio escritor,
como un lente que todo lo atraviesa,
lo sacro y lo profano,
lo profundo y lo superfluo,
lo diáfano y lo opaco,
como agujas de un reloj que van dando vueltas,
sin cesar,
con destellos en cada minuto,
miradas distraídas como aves en bandadas,
tomando la realidad como un vaso de agua
durante millones de horas,
sin necesidades,
con todas las carencias,
desequilibrado y balanceado,
escribir,
como una forma de beber del inagotable pozo del espíritu.
Autor: Daniel Rojas Salzano
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